martes, 13 de diciembre de 2011

Eres parte de mí.

Está más que demostrado que la distancia no supera límites. Que puedes estar muy lejos, pero encontrarte muy cerca de mí. Que cada vez que nos veamos, sean tres veces al año o las que sean, diga que eres de verdad, que existes tanto como yo. Que me lo pase más que bien contigo. Que me lo pase genial. Que me ría hasta quedarme sin respiración contigo. Que hagamos el imbécil pero nos divirtamos. Que hagamos planes de ‘hoy duermo en tu casa, y mañana tú en la mía’ o ‘como en tu casa, y tú te vienes mañana’ y para convencer ‘para las pocas veces que nos vemos, tendremos que aprovechar’. Que me encanta que me aconsejes, que me digas esto está bien y esto está mal. Que me gusta que me digas que no me haga ilusiones y viva la vida como viene. Que también me gusta que me digas lo que piensas. Que me encanta que se te pegue mi acento almeriense y a mí, pero menos, tu acento alicantino. Que ya son muchos años juntas, desde que éramos unas enanas exactamente, y te conozco como la palma de mi mano. Y puede que a ti te guste algo que a mí no me guste, y tengamos gustos diferentes, pensemos de manera diferente. Pero sé cuándo estás mal y cuándo estás bien sin que me lo cuentes. Que sé lo que te pasa solo con ver cómo hablas. Y no hace falta que me lo digas, yo ya lo sé. Que si te pasara algo malo, no sabría lo que hacer, porque si no estás, todo es diferente. Tan solo con saber que estás y te voy a ver dentro de mucho o poco tiempo me anima. Que eres mucho. Y puede que estemos lejos materialmente, pero emocionalmente hablando estamos más cerca que nada. Que te quiero, y eso es evidente.

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